El Múnich de Liqen

«El arte no tiene objetivo principal ni definición» una frase que encontrarás en muchos libros de textos sobre el arte.

Pero eso no significa que el artista tampoco lo tenga para sus obras. El artista como ser humano sí tiene un motivo cuando pinta. Uno quiere motivarte a reconsiderar algo, otro quiere mostrarte belleza y un tercero simplemente quiere que veas el mundo desde su perspectiva para un minuto. Una persona que pertenece a este último tipo de individuos es el famoso muralista gallego Liqen. Uno de sus varios murales está en la Dachauerstraße 149 de Múnich y lleva el título «El Gabinete de las curiosidades». Es tan grande con muchos colores vivos que debería ser imposible ignorarlo.

Obviamente representa un espejo de la sociedad urbana, sus hábitos y su forma de vivir. La obra tiene muchísimos elementos diferentes, pero un símbolo que me llamó la atención es el hombre con el traje y la maleta que tiene en vez de una cabeza un aparto técnico. Mirar este símbolo me hace sentir incómoda e irritada pero también me pone pensativa. ¡Qué feo es esa mezcla de un ser humano afectivo y sentimental con algo tan frio como un robot racional y artificial! Esa mezcla inarmónica es la razón para el disgusto y la irritación. Y exactamente eso creo que es el propósito del artista. Aunque te parece absurdo mezclar esos dos, sí reflejas la sociedad de hoy en día si se puedes decir esa es la realidad. Viviendo en un mundo en cuál el trabajo, la productividad y la eficiencia es lo todo y en cuál desde la infancia se enseña a los niños que sin rendimiento no eres un parte valioso de la sociedad, el ser humano se ha convertido en un robot. Un robot que tiene que funcionar, corregir sus peculiaridades y últimamente perfeccionarse. Esa obsesión con él trabajo también se refleja en el traje y la maleta que lleva el hombre como también en el paso grande que está tomando. Parece que está caminando muy rápido. Otro aspecto que critica el artista con su obra es el de la vigilancia. Ese aparato técnico que lleva el robot es una cámara con tres lentas. Dos de esas lentas están mirando al frente y una a la izquierda. Con ese símbolo Liqen ha transmitido esa obsesión del estado con la vigilancia del mundo real a su obra perfectamente. Con la cantidad de cámaras públicas que hay por ejemplo en el autobús, el metro y otros lugares más, el ciudadano no tiene ni idea de cuantas veces al día está filmado y que pasa con esas grabaciones. En Inglaterra por ejemplo se hacen 70 grabaciones en un día del ciudadano según un artículo de la “Süddeutsche Zeitung”. Y esa es solamente la estatista que se publica. Si hay muchas más grabaciones o si el estado no las usa solamente para identificar a criminales como reclama, no sabemos. Una tercera critica que él artista hace con este símbolo es la obsesión del ser humano con la tecnología o el móvil en particular. Aunque el hombre está agotado de todo ese estrés y agobio, lo que se muestra en el humo negro que le sale encima de la cabeza, no intenta de descansar, dedicarse a la naturaleza y su alrededor, sino mira obsesionadamente a su móvil y dedica su tiempo y energía al mundo artificial e informático. Eso también se puede ver en el mundo real. Si te vas en autobús o metro, podrás contar las personas que no miran a sus móviles con los dedos de una sola mano. Veras que están sentados al lado del otro y se escriben por Chat en vez de hablar en el mundo real. O verás seres humanos que no se dan cuenta del mural de Liqen porque tienen el móvil en la mano y se van apuradamente al trabajo donde tienen que dar lo máximo mientras el estado está grabando su cada paso. Personas, que pierden la posibilidad de ver su propio ser. Los robotshombres vivendo en un estado controlador.

Edona D.

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