Waldbaden

Tráfico. Ruido. Suciedad.
Esas palabras me vienen a la cabeza cuando pienso en el ambiente urbano y así no me sorprende que desde los ochenta haya un fenómeno en Japón que se llama “Shinrin-yoku” que significa also así como bañarse en el bosque, lo que se llama “Waldbaden” en alemán.

Bañarse en este caso no quiere decir, saltar en un río o lago dentro del bosque sino que se refiere a zambullirse en el pacífico mundo de la naturaleza y recuperarse de la vida estresante de una ciudad.
Cuando inhalamos los aceites etéreos de los arboles nos beneficiamos de sus fuerzas curativas; fortalezemos no solo nuestro sistema inmunológico sino también nuestra psique.    

Para mí el bosque siempre ha representado un lugar en el que siempre he podido recuperar fuerzas cuando vivía justo al lado de la “Weissachau” con mi familia en un pueblo llamado “Kreuth am Tegernsee”.
Tallaba la madera de los pequeños troncos que encontraba y construía pequeños escondrijos para protegerme de la lluvia en el bosque cerca del río detrás de nuestra casa. Me evadía del mundo “normal” en el que tenía que cumplir con mis deberes y siempre me ha hecho feliz el toque de las campanas de las vacas que estaban pastando en los prados.

Infancia, recuerdos, libertad, bosque; experiencias y percepciones que echamos de menos cuando estamos cautivos en el mundo laboral dentro de una ciudad; el tiempo para descubrir la vida en todas formas, la accesibilidad a la naturaleza y nuestras raíces naturales. Suena bien la idea japonesa y me parece que gana más y más atención en Alemania también en mi ciudad de nacimiento Múnich por su sencilla accesibilidad de bosques y lagos cercanos.

Por eso, siempre que me monto en el tren camino de casa, recupero mis raíces, a través del contacto intenso con los bosques y los lugares tranquilos de mi niñez.

Leon Engewicht


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